1,2,3,4 Y TAN ILUSIONADA COMO EL PRIMERO

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1,2,3,4 ¡Y TAN ILUSIONADA COMO EL PRIMERO! Es mi cuarto embarazo ¡Sí! Y estoy saltando en un pie como cuando supe que esperaba a mi primera hija Dominique, luego a Desirée y luego Annette. Dicen que los niños cuando nacen vienen con un pan debajo del brazo, pues las mías, vinieron cada una con una aventura bajo el suyo. Domi, por ejemplo, fue concebida en Madrid, pero nació en Mónaco. Tenía tantas ganas de salir que vino cuatro semanas antes y prácticamente parí en medio de la mudanza. Todavía estábamos alojados en un hotel, ya que la casa aún estaba sin montar y con nuestra vida metida dentro de las cajas, cuando tuvimos que salir corriendo al hospital. Y así, perdidos en la traducción del francés al español, nació por cesárea, pequeñita y hermosa mi Dominique. Tengo que confesar que al ser madre primeriza me inquietaba fácilmente y me dolía todo; la cicatriz de la cesárea, la bajada de la leche y por si fuera poco me rompí un dedo del pie y me enyesaron la pierna hasta la rodilla. Por otra parte, en aquella época Falcao también estaba lesionado y entonces era como tener dos bebés en casa, porque mi esposo también necesitaba de mi ayuda y por supuesto era mi deber prestársela. Fue un momento de muchos cambios; viajábamos mucho de Porto a Mónaco y de Mónaco a Madrid para su recuperación. Pero aun así con dolores y todas esas movidas, gracias a Dios conseguí amamantar a Domi porque para mí la lactancia materna es primordial. Te aconsejo que nunca renuncies a ella a menos que realmente te veas obligada por circunstancias mayores. Los beneficios de la leche materna son infinitos además de esa conexión tan especial que estableces con tu bebé en el momento de la lactancia. Ya te contaré en otro post mi experiencia al respecto, pero ya te puedo decir que ha sido maravillosa. Después, a los diez meses del nacimiento de Domi, me quedé embarazada de mi segunda princesita Desirée. Y otra vez estábamos en medio del caos. Por aquel entonces nos habíamos ido a vivir a Inglaterra por el fichaje de Falcao en el Manchester, lo que supuso una nueva mudanza. Primero nos instalamos allí mismo y luego en Londres. Sin embargo, el embarazo fue muy bonito y sin complicaciones. Desirée nació en Manchester, también por cesárea. Yo quería experimentar el parto natural pero no se pudo porque mi niña venía sentada. Pero esta vez, la cicatriz no me causo tanto dolor, ni la llegada de la leche me hizo daño. Sin embargo, a las dos semanas sufrí una infección en la sangre y tuve que regresar al hospital y estar internada durante una semana más. Fue una experiencia muy dura porque estaba sola, en un país desconocido. Falcao estaba concentrado y yo distante de mis hijas, porque al ser una infección muy fuerte, no podía recibir visitas. Tenía que estar completamente aislada. Aunque tuve la bendición de tener a mi mamá conmigo para cuidar de mis chiquitas. Aun así, tampoco renuncié a darle el pecho a Desirée y con un aparato me sacaba la leche todos los días, hasta que pude dársela yo directamente. Estaba sola y lejos, pero no me sentía sola porque Dios estaba a mi lado y siempre tuve fe de que iba a salir bien librada de ese impasse y así fue. Dios me dio la fuerza necesaria para sobreponerme. Pero entendí el mensaje, porque yo soy muy enérgica, e independiente y desde el minuto uno quiero hacer de todo, pero esta vez comprendí que debía tomarme la recuperación con más calma. Dos años más tarde a vino mi tercer embarazo, Annette, y ya estábamos viviendo en Mónaco de nuevo. Con Annette hice doblete como dicen en el fútbol porque viví la ilusión por partida doble, ya que estando embarazada tuve la oportunidad de sacar mi primer Álbum, “No me Rendiré”. Un título dedicado a mi esposo y su recuperación de la lesión, pero también a mi misma porque el disco es el resultado de muchos años de trabajo y dedicación. Venía con ese proyecto desde antes del nacimiento de Domi y a pesar de todos nuestros enredos, vio la luz entre viajes, embarazos y mudanzas un disco con doce canciones escritas conjuntamente con El productor Alex Campos y que canté feliz con Annette en mi panza. Quedaban pocas semanas antes del parto y yo estaba dando un concierto en vivo casi sin aire, medio ahogada pero feliz de ver el proyecto hecho realidad. Por eso también es un homenaje a todos aquellos que luchan sin descanso para alcanzar sus sueños porque confían en Dios y saben que nunca les dejará desfallecer. Después de presentar el disco, Annette nació una cálida mañana de agosto, en el principado de Mónaco, también por cesárea y sin ninguna complicación. Y ese nacimiento por supuesto me pilló más experimentada. Ahora ya vamos por el cuarto y aunque podría parecer ya un asunto de rutina, me hace muchísima ilusión volver a sentirme instrumento de Dios para dar vida. Yo disfruto mucho ser mamá y creo que es el regalo más lindo que Dios puede darle a una mujer. Este embarazo, como los otros llegó sin ser planificado, pero totalmente bienvenido porque Falcao y yo siempre hemos querido tener una familia numerosa. Los dos somos muy familiares y nos encanta estar rodeados todo el tiempo de nuestros seres queridos. Sin embargo, aunque todo está yendo muy bien, a este bebé le va a tocar nacer en un momento bastante peculiar en la historia reciente de la humanidad: Una pandemia. Así que ahora el caos no es en mi casa, sino a nivel mundial. Todo cuanto creíamos seguro, hace apenas unos meses, se ha tornado en incertidumbre. Y quizás por primera vez en mi vida, mi familia no podrá estar conmigo cuando nazca mi bebé. Es un momento raro este por el que estamos atravesando todos, sin distinción de credo, raza, partidos políticos o situación económica. Todos, chicos y grandes, mujeres y hombres, hemos tenido que hacer un alto en el camino y repensar nuestras vidas. Yo creo que esto es un llamado de Dios, quien nos invita a reflexionar sobre nuestros asuntos personales, pero también sobre el mundo en el que queremos que crezcan nuestros hijos. También es tiempo para agradecer por lo que somos y por lo que tenemos y para reafirmar nuestra fe y reconocernos hoy más que nunca como hijos de Dios. Reconocer su infinito amor, pero también su infinito poder sobre la tierra. Por tanto, yo te invito, si aún no lo has hecho, a que aproveches estos días para conectar contigo misma, y a la vez con Dios. Sentirás que, con él en tu corazón, nada ni nadie podrá hacerte daño. Por eso, cuando supe que estaba embarazada, a pesar de la actual situación sanitaria, no me asusté y me puse muy feliz. Y obviamente nos preguntamos si esta vez iba a ser niño o niña otra vez. Y entre amigos y familiares se dispararon las quinielas. Aunque yo ya sabía la respuesta. No me lo vas a creer, pero yo sabía el sexo de mi bebé porque Dios me lo había dicho y para mí no cabía ninguna duda. Obviamente tuvimos que reconfirmar mediante análisis clínicos y fue muy divertido todo lo que pasó hasta que tuvimos la respuesta. Pero eso te lo cuento en el siguiente post. ¡No te lo pierdas!

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