¡Hola! ¡Hola!
¿Cómo están? ¡Feliz año!
Hacía mucho no me pasaba por aquí, pero creo que no hay mejor manera de empezar este nuevo 2020 que compartiendo con ustedes algunas de las muchas cosas que he aprendido sobre la maternidad a lo largo de estos años de ser mamá.
Como saben, Dios me regaló hace unos años el poder ser mamá de tres preciosas mujercitas y es a través de ellas, de equivocarme muchas veces y acertar en otras, que Dios me ha enseñado y me sigue enseñando demasiado. Así que, aquí les abro mi corazón para regalarles algunas de esas lecciones y pensamientos sobre el maravilloso mundo de la maternidad. Espero lo disfruten y les sirva de ayuda.

REGALOS Y RECOMPENSAS DE DIOS

El Salmo 127:3 dice que los hijos son un regalo de Dios, una recompensa para nosotros que Él decide darnos. Y esto es algo que no podemos olvidar, sobretodo cuando no todo es de color de rosa, cuando tu día no ha ido como esperabas, cuando tus hijos te han puesto literalmente de los nervios y te sientes la peor mamá del mundo. Al final del día, decide mantener un corazón agradecido por el regalo que Dios te entregó en las manos cuando nacieron. Recuérdate a ti misma que ellos son tu recompensa, que tú eres la mejor mamá para ellos y ellos son tu mayor regalo y no lo contrario.

Y al mismo tiempo, aunque son tus regalos y con ellos vas a desarrollar una capacidad de amar que va por encima de lo que te creías capaz, nunca olvides que tus hijos son de Dios. Cada día, guarda todo en tu corazón con agradecimiento a la vez que sueltas y los entregas.

PRIMERO LO PRIMERO

Enseña al niño el camino en que debe andar,
y aun cuando sea viejo no se apartará de él. (Proverbios 22:6)

Este es mi mayor consejo para todas nosotras. A lo largo de tu aventura como mamá, serás inspiración y modelo de muchas cosas para tus hijos. Aprenderán de tus aciertos y también de tus fallos, como todos hemos hecho. Por eso, mantén lo primero siempre primero en el orden de las cosas. Sé creativa. Mételos en tu mundo, enséñales a orar a su Papá con sencillez, a abrir sus corazones en lo bueno y en lo malo. Crea el hábito de dar gracias y cuando sean mayores, te lo agradecerán.

AMIGA & MAMÁ

Créanme… ¡Ese es el mayor dilema! ¿Cómo convertirte en amiga de tus hijos sin perder la autoridad de una mamá? ¿Cómo ser cercana y confiable a la vez que mantienes límites? Supongo que muchas batallamos con esto y confieso no saberlo todo, pero creo que el secreto está en no ver estas dos palabras como opuestas sino como complementarias. No debe de ser una o la otra, quizá todas podemos ser las dos. Todas podemos ser cercanas para escuchar sin asustarnos por aquello que vayamos a oír. Todas podemos aconsejar desde una posición de amor, no de imposición. Todas podemos traer límites sanos, para bien, no para mal. Todas podemos ser un recipiente de confianza para ellos, un refugio ante todos sus temores y secretos y, una fuente de vida, claridad y esperanza ante su incertidumbre. Todas podemos ser respetadas como mamás y amadas como amigas. ¡Créelo!

ESPACIO

Por último, de las muchas cosas que sigo aprendiendo, solo quiero dejarles con algo que creo que es muy importante: El espacio.
Muchas veces, queremos volcar sobre nuestros hijos todos nuestros sueños frustrados o ilusiones para que ellos se conviertan o sean lo que nosotros no pudimos ser. No olvidemos que nuestros hijos no son nosotros y tienen todo el derecho y la capacidad para escribir su propia historia y aventura de la mano de Dios. Manténganse cerca de ellos, pero déjenles espacio para vivirla y confíen en que Dios los ama más de lo que nosotros los amamos. Él tiene planes para ellos y por lo tanto, los cuidará y guardará de todo y de todos.