Sufrir hace parte de amar, porque para amar es necesario renunciar al egoísmo y al orgullo. Aunque hoy se habla de métodos para encontrar una vida plena y sin preocupaciones, enfocados en el amor propio, si eso implica amarse a uno mismo por encima de todo, podemos llegar a transformarnos en seres independientes cuando por el contrario, hemos sido creados para trabajar en equipo, empezando por el núcleo familiar.

Jesús es el ejemplo máximo de amor, él no buscó su propio bien, en lugar de eso, pasó por encima de sus emociones, de su temor y decidió entregarse completamente. Este acto salvaje no pudo venir de una mente enfocada en sí mismo, fue necesario que él renunciara a su comodidad y bien estar para darnos libertad.

No se trata de hacer cualquier cosa por los que amamos sin pensar en nosotros mismos. Jesús tenía muy clara su identidad y fue por eso que se entregó en la cruz. No perdemos lo que somos por pensar en otros antes que en nosotros mismos, mucho menos cuando de amar se trata, por el contrario, eso nos reafirma y nos permite buscar seguridad y confianza para darnos a los demás.

Amar nos da libertad porque ser libre no es hacer todo lo que queremos sin importar las consecuencias, es todo lo contrario, buscar que otros estén bien a pesar de que eso implica esfuerzo. Eso nos hace libres del egoísmo, el orgullo, la envidia y muchos sentimientos que solo nos destruyen.

Jesús nació para renunciar a todos sus privilegios por nosotros, nos dio el mejor ejemplo de amor.