Muchas veces buscamos a Dios o a las personas solo cuando nos encontramos en momentos de dificultad, como si se hicieran visibles cuando los necesitamos. Pero hemos sido hechos para crecer juntos, no solo para ser ayudados, también para ayudar a otros.

Lo más probable es que no llegue un momento en el que dejemos de tener dificultades personales para pensar en las de otros, siempre habrá algo con lo que estemos trabajando pero ese no es un impedimento para dar una mirada a nuestro alrededor y usar lo que sea que tengamos para ayudar a los que lo necesiten.

Con solo preguntar a los que nos rodean cómo están y si están pasando por algo complicado, tendremos suficiente para ofrecer algún tipo de ayuda. Un abrazo, compañía, algo material…hay muchas maneras de unirnos.

Lo impresionante es que de eso se trata el reino de Dios, de ayudarnos unos a otros ya que esos actos concretos son el amor de Dios, es la presencia de Jesús entre nosotros.

Cuando nos ocupamos de ayudar a otros, y entregamos nuestros asuntos en manos de Dios, eso trae descanso, paz y nos da la certeza de que él se ocupará de nosotros.

*Pregunta a los que te rodean si están pasando por algo difícil y usa lo que tengas para aliviar su carga.

 

Hebreos 10:24-25 (NTV)
Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones.