Existe una teoría que afirma que no podemos ver lo que no conocemos, seguramente es algo que no aplica a todo, pero se acerca a lo que ocurre con la voz de Dios. Cuando no lo conocemos, él podría estar susurrando a nuestro oído y tal vez no nos damos cuenta.

Puede ser porque hay muchas muchas voces que nos rodean. Aún así tenemos la libertad y la capacidad para elegir a quien queremos escuchar.

 

¿Cómo sabemos cuál es la voz de Dios?

Cuando conocemos bien a alguien, con un “hola” sabemos de quién se trata porque hemos pasado tiempo escuchandolo. Pasar tiempo con Dios nos permite conocer su voz. Puede ser que al principio no escuchemos nada, o pensemos que se trata de nuestros pensamientos, pero con el tiempo será más fácil distinguir entre su voz, la nuestra o una externa.

La Biblia es la voz de Dios, pero él también habla a través de las personas, de la naturaleza, historias, canciones, incluso en el silencio. La voz de Dios no tiene límites, somos nosotros los que determinamos si queremos escucharlo y reconocer su voz.

*Toma un tiempo para estar a solas con Dios y pídele que te permita escuchar su voz. Presta mucha atención, él quiere hablarte.

“Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes.” Jeremías 33:3